Qué es el síndrome postvacacional y como puede evitarse

• La vuelta a la rutina diaria después del periodo vacacional supone un cambio brusco para el organismo
• Ordenar de nuevo horarios de comida, descanso y ritmo de trabajo puede alterar el reloj interno
• El esfuerzo que requiere este regreso, acompañado de la falta de motivación y de una visión lejana de un nuevo periodo de descanso, favorece la aparición del síndrome postvacacional
estrés
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El síndrome postvacacional es una entidad a la que se le está dando cada vez una mayor importancia, aunque no está aceptada como enfermedad en las principales clasificaciones internacionales. Hace unos años prácticamente era desconocida su existencia lo cual no quiere decir que hubiera personas que lo estuvieran padeciendo. Este aspecto puede ser importante. El hecho de que hace años no estuviera tipificado un problema como éste, se puede deber a que o no se diagnosticaba o no existía. Si esto último es lo cierto, se está ante un proceso que se ha generado en los últimos tiempos y por lo tanto en cierta forma fruto de la “vida moderna”. Esta relación causa efecto con la modernidad vigente puede hacer levantar sospechas sobre el posible origen en el estilo de vida actual. Se volverá sobre este aspecto más adelante cuando hablemos de las posibles causas que lo desencadenan.

Es un proceso de adaptación necesario cuando se entra de nuevo en contacto con la vida activa

Existe falta de acuerdo ante la oportunidad de hablar o no de enfermedad. Por un lado, para algunos autores es simplemente una situación transitoria y en parte normal. Es un proceso de adaptación necesario cuando se entra de nuevo en contacto con la vida activa. Cuando ese proceso de adaptación fracasa, entonces se generan una serie de molestias pero que no pueden catalogarse como enfermedad. Por otro lado, hay autores que defienden la definición de este proceso como una enfermedad. Debe considerarse como tal si se tiene en cuenta que enfermedad es cualquier problema que afecta a nuestra esfera de bienestar. Este bienestar no incluye el aspecto solamente físico, sino que también abarca el emocional, social, etc… Las personas que padecen este síndrome sufren cambios que dan lugar a un malestar importante con una repercusión importante sobre su calidad de vida.

Características del síndrome

Este síndrome puede cursar de diversas formas. Lo habitual es padecer a la vuelta de vacaciones un cuadro de debilidad generalizada y astenia. Puede haber problemas de insomnio que conviven con una somnolencia importante a lo largo del día. La capacidad de concentración se ve limitada, así como la tolerancia al trabajo. Esta falta de tolerancia al trabajo viene caracterizada como una sensación de desidia y hastío. En otras ocasiones puede aparecer una sensación de angustia vital que puede llevar a un bloqueo en el cual la persona que lo presenta es incapaz de tomar cualquier decisión. Puede haber un cambio de carácter con cierta agresividad, sin embargo, se establece habitualmente y de forma progresiva una sintomatología más propia de un cuadro depresivo. Por todo ello, se afectan diversos aspectos del estilo de vida. El trabajo, como se ha comentado antes, resulta difícil de realizar. La concentración, así como la capacidad de tomar decisiones está deteriorada.

Puede ser imposible ordenar la agenda y poner en marcha todas las gestiones o encargos propuestos. Por ello, puede iniciarse un verdadero círculo vicioso en el cual el trabajo se va acumulando con lo cual se une al nuevo trabajo por realizar, aumentado por el retraso de toda la labor acumulada a lo largo del periodo vacacional. Una persona introducida en esta dinámica puede acabar en un callejón sin salida. Las relaciones con los demás pueden deteriorarse. Los más cercanos en el trabajo y en el hogar pueden sufrir las consecuencias. Un carácter agriado incluso violento puede introducir tensiones en nuestras relaciones con los demás. Esto puede llegar a producir la ruptura sobre todo si por parte de la otra persona no tiene una conciencia real de lo que está ocurriendo. Esta crisis puede afectar no solo a las relaciones emocionales sino también a las laborales.

Este síndrome puede cursar con una intensidad muy variable y de diferentes formas, en algunos casos esta variabilidad puede hacer muy difícil su detección

A nivel personal se tiene conciencia de que algo no funciona. Posiblemente en primer lugar predomine una sensación de desconcierto ante algo que ha surgido casi por sorpresa y que no se manifiesta con una sintomatología concreta que nos permita identificar el origen del problema. Se intenta seguir adelante a pesar de que cualquier propósito de superar el “bache” parece acabar en fracaso. Esta sensación de no levantar cabeza y de asistir atónito a un desmoronamiento de nuestra forma de vida puede llevar a la persona que padece este problema a una inquietud e inseguridad. Este síndrome puede cursar con una intensidad muy variable y de diferentes formas, en algunos casos esta variabilidad puede hacer muy difícil su detección. Esta falta de diagnóstico puede llevar a manifestar una incomprensión hacia estas personas que pueden agravar el cuadro.

El reloj interno

Como su nombre indica, es un síndrome que aparece después de las vacaciones. Este hecho, junto a la posibilidad de que en tiempos anteriores a la época actual no estuviera presente (con las salvedades que hemos indicado anteriormente) hace llamar la atención sobre la posible existencia de una estrecha relación entre el estilo de vida desarrollado y la aparición de este problema. ¿Cómo se puede relacionar esto con el proceso que da lugar al desarrollo de este síndrome? Las personas habitualmente necesitan una serie de condiciones para desarrollar nuestra actividad y organizar alrededor una forma de vida en la cual se sienten la mayor parte de las veces a gusto. Para ello, se lleva una rutina que suele estar de acuerdo con el biorritmo peculiar. Toda esa actividad está de acuerdo con una especie de reloj interno que marca el estado en que el organismo se encuentra. Además, se necesitan una serie de motivaciones que impulsen a seguir adelante a lo largo de la vida. Estas motivaciones actúan muchas veces como verdaderos parachoques que permiten superar muchas dificultades. La presencia actual de esas motivaciones otorga una especial resistencia frente a la adversidad.

Un fallo en ese biorritmo habitual, así como una ausencia de dichas motivaciones en el contexto de una vuelta a la vida ordinaria tras un periodo vacacional puede producir la aparición de este síndrome. Durante las vacaciones es de todos conocido que ese ritmo de vida sufre un cambio significativo. Desaparece el ritmo de trabajo mientras que los periodos de descanso se prolongan a lo largo del día. El descanso al mediodía adquiere una mayor importancia favorecida muchas veces por una actividad nocturna intensa. La hora de acostarse se retrasa con lo cual lo mismo ocurre con la de levantarse. Esto unido a una ausencia casi completa de rutina con un desorden total de nuestros hábitos incluidos las comidas dan lugar a que nuestro biorritmo se vea profundamente afectado, si es que llega a existir.

La vuelta a la vida ordinaria puede suponer un cambio brusco para el organismo

La vuelta a la vida ordinaria puede suponer un cambio brusco para el organismo. Se restituye la rutina a la cual teníamos acostumbrado nuestro cuerpo, sin embargo, en el momento de nuestra incorporación a esa rutina nos falla lo fundamental. Si no se produce ese acoplamiento rápidamente a este nuevo ritmo de vida se produce una falta de coordinación entre los que la rutina nos exige y lo que podemos ofrecer. Por otro lado, la ausencia de motivaciones o la focalización excesiva de éstas alrededor del periodo estival da lugar a que, una vez acabadas las vacaciones, desaparece cualquier motivación que nos anime a seguir adelante, sobre todo cuando contemplamos con pavor como hasta el siguiente periodo vacacional tiene que transcurrir todo un año. La concurrencia de ambos fenómenos puede dar lugar a la aparición de este síndrome.

El mejor remedio la prevención

El remedio, como ocurre muchas veces está en prevenir su aparición. En este sentido se pueden intentar diversas medidas. El periodo vacacional permite una libertad que no se tiene en otros periodos del año. Ahora bien, mantener cierto horario nos permitirá que sigamos con un cierto biorritmo. A medida que se acerca el fin de las vacaciones, una vuelta progresiva, aunque no sea completa, a la rutina habitual puede favorecer que ese cambio no resulte dramático ni catastrófico (cómo tirarse a una piscina de agua fría). Evitar una motivación personal excesivamente centrada en las vacaciones.

No se puede estar deseando las vacaciones durante una mitad del año y lamentarse de que se hayan acabado durante la otra mitad. Para ello, se puede acudir a mantener determinadas aficiones. Puede haber aficiones que se hayan iniciado durante las vacaciones, que sean recomendables mantener a lo largo del año. Evidentemente no deben ser aficiones muy unidas al periodo del año en el que se encuentre cada persona. En relación a todo lo anterior, la división del periodo vacacional en varias partes, puede ayudar de forma importante a cumplir esos objetivos. Evitará que exista una sensación de saturación respecto a las vacaciones y nos ayudará a la vuelta saber que todavía nos quedan. Si a la vuelta de las vacaciones se produce un enfrentamiento a un trabajo acumulado durante el periodo estival, se pueden seguir algunas recomendaciones.

En primer lugar, ordenar la mesa de trabajo evitando los montones caóticos. Se debe hacer un esfuerzo en intentar organizar la agenda, estableciéndose un plan de lucha real que intente afrontar las tareas pendientes con un orden de prioridades. Si a pesar de todo lo anterior, se presenta este problema, la ayuda de un especialista puede ser muy importante. Aportará la ayuda necesaria que en ocasiones podrá ser farmacológica, sobre todo si se presentan problemas de ansiedad o de insomnio. En otros momentos podrá ser recomendable el empleo de antidepresivos.