No existen fórmulas mágicas para dejar de fumar

• Sólo el dos por ciento de las personas que consigue dejar de fumar lo hace sin ningún tipo de ayuda
fumar, cigarrillo
Sólo el dos porciento de los fumadores consigue dejar el hábito sin ningún tipo de ayuda.
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Diariamente muchos fumadores dejan de fumar. Las razones para dejarlo son muy diversas y personales. Del mismo modo los métodos utilizados varían de un fumador a otro; mientras unos lo intentan solos, otros recurren a tratamientos farmacológicos (chicles, parches, pastillas, etc.) o a otro tipo de terapias como el láser o la acupuntura. Lo cierto es que no existe ninguna fórmula mágica para dejar de fumar. El abandono del tabaco implica un esfuerzo personal que requiere tiempo y una firme decisión.

Las estadísticas confirman que sólo el 2% de las personas que dejan de fumar lo hacen sin ningún tipo de ayuda.

El consumo de tabaco es una conducta compleja que se explica sobre la base de dos grandes factores: por un lado, la adicción física y por otro, la continuidad de la acción de fumar que lo convierten en un hábito de comportamiento y por lo tanto en una adicción psicológica. La adicción física es debida a la nicotina que contiene el tabaco. Al fumar se produce un aumento inmediato de la tasa de nicotina en sangre provocando una serie de efectos sobre el organismo. Transcurrido un tiempo, que oscila entre media hora y una hora, los niveles de nicotina van descendiendo y empiezan a notarse sensaciones de malestar que desaparecen al encender el próximo cigarro. En este sentido, es posible que los fumadores que presentan una alta adicción a la nicotina se encuentren con mayores dificultades para abandonar el hábito. En este caso, los tratamientos farmacológicos pueden ser de gran ayuda.

Sin embargo, la más difícil de superar es la adicción psicológica. Si la adicción física fuese el único factor influyente, cualquier fumador que permaneciese una semana entera sin fumar no tendría que volver a desear un cigarrillo, ya que la tasa de nicotina en sangre habría descendido a cero y no habría ninguna razón física que explicara las ganas de volver a fumar.

De igual manera que ocurre con otros hábitos de comportamiento, tales como lavarse los dientes o las manos, fumar es una conducta aprendida, que se convierte en un hábito debido a tres elementos fundamentales: la práctica, la asociación y el refuerzo. A base de practicarla numerosas veces la conducta de fumar acaba por automatizarse, lo que significa que muchos cigarrillos pueden encenderse mecánicamente, sin pensarlo. Otro aspecto importante es la cantidad de cosas que se hacen mientras se fuma. La asociación del cigarrillo a numerosas actividades conlleva que, el mero hecho de realizarlas, provoquen deseo de fumar. Además de todo lo dicho, la conducta de fumar se sostiene porque cada vez que se fuma se obtienen consecuencias positivas, tales como: sensación de placer, de relajación, alivio de los síntomas de abstinencia, etc.

Debido a estos tres elementos y a un largo período de tiempo, una conducta aprendida en un momento determinado, se convierte en un hábito de comportamiento estable y duradero.
El abandono del tabaco pasa por distintas etapas. En la decisión final influyen factores físicos, sociales, económicos, etc., pero es fundamental la motivación que se tenga para dejarlo. Este firme convencimiento es la variable que más se relaciona con el éxito en el abandono del tabaco.

Sin embargo, motivación no implica que el fumador deba realizar todo el proceso dependiendo sólo de su fuerza de voluntad. Lo cierto es que la mayor parte de las personas necesitan un sostén para emprender este camino de deshabituación tabáquica, y en este sentido, las herramientas terapéuticas, tanto psicológicas como médicas, resultan muy útiles.